Practicar correctamente

REIHO (礼法)

Es la etiqueta o el protocolo que se utiliza dentro de un dojo tradicional de artes marciales para desenvolverse de forma adecuada. No solo hace referencia a la manera de comportarse con los maestros y los compañeros, sino también a la manera de encarar la práctica en si misma. A la forma de vestirse, de hablar y de reaccionar a las diferentes situaciones que pueden darse.
Si estoy a cargo de un dojo también debo comprender cuales son los diferentes elementos que se encuentran dentro de el y que representa cada uno de ellos.

Doj
o (道場) es el lugar donde se practica la vía, en nuestro caso la de las artes marciales.
Es considerado un espacio sagrado, al que uno asiste para cultivar cuerpo y espíritu, como así también para aprender valores éticos y morales. Pero de no ser uno mismo el que le de este nivel de importancia al lugar, la práctica no será profunda.

En un dojo no deberían suceder cosas como disfrazarse de Halloween o de Santa Claus y entrenar. Tampoco deberíamos colgar banderas publicitarias con logos propios o slogans marketineros. Hacer este tipo de cosas es no entender correctamente el lugar en el que uno se encuentra. El kamidana (altar), si está presente, tiene una función puntual y debe seguir ciertos lineamientos. No es un estante con adornos donde apoyar decoraciones de estilo oriental. 
La sobriedad, es una de las cualidades a tener en cuenta a la hora de practicar budo.

La dificultad, la dedicación y el sacrificio que nuestra disciplina requiere no amerita el esfuerzo que hay que poner si la persona va al dojo con el único objetivo de moverse un poco y tener un hobby. Si ese es el caso, será mucho más provechoso anotarse en un gimnasio o realizar alguna actividad de carácter lúdico.

En un dojo nos relacionamos con personas distintas a nosotros en múltiples niveles, culturales, educativos, religiosos, etc. Tener en cuenta como nuestras acciones afectarán a los demás es importante. Es por eso que debe existir siempre entre los practicantes el mayor de los respetos, tratando de llegar al punto de transformarse en buyu (武友 amigos marciales).
Si algún practicante tiene un problema personal con otro, la actitud correcta y lo que se espera de los bugeisha, es que en privado resuelvan sus diferencias de forma pacífica. No se deben manifestar en el dojo los problemas personales ni tampoco involucrar a otros practicantes en conflictos propios.

Estar en un dojo de artes marciales con actitud quejosa o infantil por la dificultad que plantea el entrenamiento es una de las peores cosas que puede hacer un practicante. Hay que evitar este tipo de comportamiento a toda costa.
Aquellos que encaren la practica con una actitud competitiva comparándose con los demás, burlándose de otros o vanagloriándose de la propia habilidad terminaran transitando sendas incorrectas.
Al dojo se asiste para aprender habilidades físicas, pero también para volvernos más tolerantes, humildes, respetuosos, cordiales, amables, pacientes y por sobre todas las cosas más humanos.

Dentro de la practica es de vital importancia saber cuál es el lugar que nos corresponde. Es de muy mala educación corregir o dar una indicación a un sensei (先生 instructor) o a un senpai (先輩 miembro senior) siendo un kohai (後輩 miembro junior), a no ser que estos nos lo soliciten puntualmente. Dicho comportamiento es visto como un gesto de arrogancia por parte del practicante de menor graduación.

Si el dojo es un lugar donde venimos a cultivar valores morales, si es el lugar donde se intentan limar las asperezas del espíritu, no puede haber lugar para comportamientos inadecuados.

ANTES DE LA PRÁCTICA

El entrenamiento comienza siempre puntualmente. Es responsabilidad del practicante llegar a horario a las clases.
La falta de puntualidad es muy mal vista en Japón, se suele tomar como parámetro para entender el respeto y la consideración del practicante hacia el arte, hacia la propia práctica y sobre todo hacia quien enseña. Cuanto mayor es la graduación de un bugeisha mayor es la responsabilidad a la hora de respetar las normas del dojo.
Unos minutos antes de comenzar, todos los practicantes ya tienen que estar cambiados y de ser posible comenzando a pre calentar.

Es conveniente venir al dojo preparado mentalmente para enfrentar el entrenamiento. El cuerpo va a doler, la respiración se va a agitar, la voluntad será puesta a prueba. Facilitará mucho el proceso traer una actitud positiva y por sobre todas las cosas convencernos a nosotros mismos de que vamos a ser capaces de superar los desafíos que se nos planteen. El 70% del entrenamiento es la actitud que se pone y el 30% es la capacidad física que se tiene.

Mientras uno se cambia debe recordar que está por ingresar en un lugar sagrado y adoptar la actitud adecuada.
El acto de ponerse la ropa de entrenamiento puede tomarse como un ritual de preparación para ingresar en dicho lugar. 
Una vez que el practicante está listo, se acerca al borde del tatami y pide permiso para entrar. Se realiza una reverencia previa al ingreso inclinando el torzo hacia adelante a 45 grados.

Al encontrarse con los compañeros es importante hacerlo con buen humor, tratando de contribuir a generar un clima agradable. Preguntar a los demás como están ayuda a establecer buenas relaciones, pero luego de hacer esto el bugeisha debe concentrarse automáticamente en la práctica, mentalizarse y despejar la cabeza de pensamientos. Comenzar a charlar durante largos minutos sobre los diversos temas del día antes del comienzo de la clase no contribuye a la concentración del grupo en general. Ese tipo de charlas es mejor dejarlas para cuando se haya terminado de entrenar, donde podemos relajarnos y compartir entre todos de forma distendida.

Por el tiempo que dure el entrenamiento lo único importante es lo que pase dentro del dojo.
Los problemas personales quedan afuera, las preocupaciones quedan afuera, las responsabilidades de la vida cotidiana quedan afuera, los miedos quedan afuera, los procesos mentales quedan afuera, solo ingresa la conciencia en conexión con lo que está sucediendo.
Ichi go ichi e (一期一会 una vez, un encuentro) es una frase que se utiliza para poner de manifiesto la importancia de cada entrenamiento. Ser capaces de vivir lo que está sucediendo aquí y ahora, entendiendo que es un momento único e irrepetible.

Aprender a estar presente en lo que se hace es una de las claves de la práctica. Para eso tenemos que tener claros dos conceptos típicos de las artes marciales tradicionales y el zen, zanshin (残心) y mushin (無心) o mushin no shin (無心の心).

Zanshin: Está compuesto por dos kanji: Zan (残 mantener) y Shin (心 corazón / conciencia).
Es un estado de atención y conexión continua con lo que está sucediendo, sin hacer foco en nada en particular, pero estando pendiente de todo al mismo tiempo.
Es fundamental no dispersarse durante el tiempo que dure la clase. Será entonces uno de los mayores objetivos de la práctica mantener la concentración en cada cosa que se haga.

Mushin: Este concepto se puede traducir como “ausencia de pensamientos” o “mente vacía”. Hace referencia a la capacidad de apagar los procesos mentales para pasar a un estado de contemplación. La propia conciencia se transforma en un gran espejo que refleja todo lo que tiene frente a ella, sin agregarle interpretaciones personales y sin hacer juicios de valor. Es un estado de la mente no atrapado por las emociones. Las acciones de nuestro cuerpo dejan de ser el resultado del pensamiento.
Mushin no shin es el estado original de la conciencia, es decir conciencia sin conciencia.
Tratar de mantener estos estados del espíritu durante toda la clase será el primer desafío.

El instructor invitará a los estudiantes a formar una fila uno al lado del otro para comenzar a saludar. Todos se sientan de rodillas en el piso sobre una misma línea en la posición seiza (正坐 – forma correcta de sentarse).
Se ponen las manos en el mudra de gassho (合掌) pegando las palmas a la altura del pecho y se saluda para comenzar con la clase.

ROLES

UKE (受け) el que recibe o absorbe la técnica.
Cuando me toca ocupar este rol debo garantizar a tori que todos mis ataques serán ejecutados de la mejor forma posible. Los mismos irán directo al objetivo y en línea recta, sin anticiparlos ni tampoco desviándolos evitando de este modo golpear a mi compañero. Si tori no se corre del ataque y es golpeado, no es uke el culpable de haberlo impactado.

Se da por sentado que cuando se lanza un golpe durante el entrenamiento nunca se lo hace con mala intención. Siempre se ataca con el objetivo de ayudar al compañero a superar un desafío. Si recibo un golpe y me enojo por ello, tengo que ser capaz de domesticar mis propias emociones. Fudoshin (不動心 mente inmóvil o corazón inmóvil) es el estado de imperturbabilidad de la conciencia y las emociones. Debo ser capaz de controlarme a mí mismo, volviendo de inmediato a una situación de equilibrio interno.
Es responsabilidad de tori ejecutar la técnica de forma correcta y para eso es necesario un ataque sincero que le permita poner a prueba sus habilidades. Ataques fantasiosos o condescendientes no sirven de nada en nuestra práctica.

En caso de que el uke esté comportándose de forma incorrecta, golpeando a tori a propósito o evitando de forma caprichosa que le apliquen una técnica, es necesario hacérselo saber. Si este no cambia su modo de actuar, lo mejor será cambiar de compañero de práctica.
Lamentablemente es muy común encontrarse con practicantes en Honbu dojo (sobre todo aquellos que poseen altas graduaciones) que a la hora de ser uke intentan resistirse o impedir que el compañero realice la técnica con el único objetivo de corregirlo, para así establecer una posición de autoridad que los haga sentirse seguros de si mismos. Mejor evitar a este tipo de personas a la hora de entrenar.

Uke, por sobre todas las cosas debe garantizar a tori que será capaz de absorber la técnicas que se apliquen sobre su cuerpo sin lastimarse. Es fundamental para lograr esto ser habilidoso y dedicado en la práctica de taihen jutsu ukemi gata (体変術受身型), técnicas para absorber ataques, esquivar, rodar, saltar y caer al suelo. Esto no es solo por el bien de su propia integridad física, sino también para no ser egoísta con los compañeros de práctica entorpeciendo la posibilidad de que puedan practicar correctamente.
No hay peor sensación como tori que estar entrenando con una uke temeroso, que está permanentemente impidiendo que los movimientos sucedan con normalidad por miedo a lastimarse. O con alguien que por pereza no quiere caer al suelo y evita el contacto con el tatami permanentemente.

Al absorber una técnica o un ataque es necesario ser sumamente flexible y tener la capacidad de interpretar los movimientos de tori. Para eso uke tiene que estar muy concentrado en la tarea de acomodar su cuerpo siguiendo el flujo de movimiento planteado por su compañero de práctica.

Es tori quien dirige y uke quien acompaña. No es el rol de quien recibe la técnica poner a prueba al compañero estableciendo dificultades adicionales.

Si estoy utilizando un cinturón negro es inaceptable no tener la capacidad de realizar un ukemi desde un lance o tener miedo de recibir un golpe o una técnica. De ser este el caso, tengo que entrenar mucho más y hacer honor al cinturón que llevo puesto.

Es imposible no recibir golpes si se practica un arte marcial. El practicante debe estar predispuesto a aumentar su tolerancia al dolor, como así también, a endurecer su cuerpo mediante la práctica. A esto lo llamamos tanren (鍛錬) y podemos traducir esta palabra como forjar y templar, cuerpo y mente.

Cuando estemos siendo controlados con una luxación o con una estrangulación, hay que asegurarse de que somos capaces de golpear el suelo con fuerza (con piés o manos) para avisar al compañero que detenga su técnica antes de que nos lastime. El sonido del impacto debe ser lo suficientemente fuerte como para que llegue a oídos de tori. En ciertas situaciones es conveniente golpear con la palma de la mano abierta alguna parte del cuerpo del compañero. Esto nos garantiza que tori se detendrá a tiempo.
También existe la opción de decir itai (痛い dolor) en voz alta, pero no es bueno confiar solo en este recurso ya que habrá técnicas que no nos permitirán hablar con claridad o con la fuerza suficiente para garantizar que el mensaje sea oído.
Avisar en el momento preciso a tori cuando debe detener su técnica, ayuda a prevenir lesiones y accidentes innecesarios, como así también a concientizar a nuestro compañero sobre el momento exacto en el que una técnica está llegando al punto de no retorno.

Es tarea de uke, encontrar el equilibrio perfecto en la interpretación de los movimientos de tori. Si el uke se tira solo al piso, se alimenta una fantasía. Está haciéndole creer a tori que posee una habilidad que en realidad no tiene. Esto es sumamente peligroso en la práctica marcial. El otro extremo es un uke que se pone excesivamente rígido, impidiendo que tori pueda ejecutar su técnica y por lo tanto negándole al compañero la posibilidad de practicar. Es necesario permitir practicar las técnicas a nuestro tori y recordar siempre que la práctica de tai jutsu kata no es un combate libre. Por lo tanto la relación entre uke y tori debe ser una relación de perfecto equilibrio. El uke no debe exagerar ni sobre actuar el resultado de las técnicas, pero tampoco impedir a tori que este las practique.

TORI (取り) el que realiza o ejecuta la técnica.
Es responsabilidad de tori garantizar la integridad física y cuidar al extremo el cuerpo de uke, hay que 
tener presente que nos lo está prestando para que podamos entrenar. 
Si practicando una técnica veo que mi compañero se puede lastimar y tengo la posibilidad de prevenir dicho accidente, es mi obligación hacerlo. Ser tori no significa tener vía libre para golpear y lastimar al compañero de práctica. Sobre todo teniendo en cuenta que este se está quedando casi inmóvil en una posición semi pasiva para que nosotros podamos estudiar.
Ser demasiado condescendiente con uke tampoco es bueno. Ayudar 
constantemente al compañero a ponerse de pie o estar permanentemente pidiéndole perdón cuando recibe algún golpe, no ayuda a formar el carácter marcial. Como en todo, hay que saber encontrar el equilibrio correcto.

UNA VEZ COMENZADA DE LA PRÁCTICA

Es clave mantenerse en silencio y estar enfocado pura y exclusivamente en lo que se está haciendo.
Cuanto menos ruido hay en un entorno, más fácil es concentrarse.

Si uno quiere explicar a un compañero algo que no le está saliendo, mejor que hablar es hacer. Se realiza la técnica de forma lenta para que el practicante pueda percibir cual es su error con el cuerpo. Si luego de esto el compañero de entrenamiento sigue confundido, es necesario llamar a un instructor. Los practicantes están en el dojo para aprender y no para enseñar, sobre todo cuando están de visita en Japón. Independientemente de cual sea su graduación, ya sean kyu, dan, shidoshi, shihan o dai shihan siempre hay un solo instructor en el dojo, el que da la clase, el resto aprende.

Es responsabilidad de uno como practicante garantizar la integridad física de nuestros compañeros y no lastimarlos durante el entrenamiento. Si bien en nuestra práctica hay contacto, es todo el tiempo contacto moderado. La cantidad de fuerza de un ataque debe ser la necesaria para impactar en uke y que este sienta la consecuencia del impacto pero sin lastimarlo.
En un dojo de artes marciales tradicionales no nos comportamos como animales salvajes. No nos dedicamos a golpear y dañar a otros seres humanos por el simple placer de hacerlo o para sentirnos superiores o más fuertes que los demás. Algunos deportes de combate modernos ya se dedican a ello. El arte marcial que nosotros practicamos es una ciencia más compleja con una ética distinta.

La seriedad durante la práctica es un factor de suma importancia. Pero ser serio no implica que deba existir un clima de tensión y mal humor que genere un mal ambiente, muy por el contrario, durante el entrenamiento es importante reír y pasarla bien. Entender en que momento debe suceder cada cosa es lo que encausará al entrenamiento en la dirección correcta.
Hay que tener en claro cual sería la verdadera ejecución de la técnica en una situación de combate real, por lo que la existencia de cierta tensión entre uke y tori es absolutamente necesaria. Los ataques deben estar cargados de energía y ser sentidos por el compañero, tanto física como espiritualmente. A esto se lo denomina seme (攻め atacar proyectando la intención).
Tanto uke como tori deben proporcionar un desafío a superar y no un objetivo a vencer.

Un entrenamiento dificultoso me obligará a realizar mi mejor esfuerzo para poder dominarlo. Si es fácil, cómodo y está pensado solo para alimentar el goce y el ego del practicante, se pierde uno de sus objetivos principales, la práctica de la concentración. Para poder practicarla es necesario que aquello en lo que nos estamos concentrado demande toda nuestra atención y eso solo puede lograse con un entrenamiento realista.
El instructor todo el tiempo correrá la vara hacia adelante, planteando exigencias y desafíos más complejos a medida que el entrenamiento avanza.

Debemos recordar que nuestra practica es infinita, que no hay un objetivo final y que la búsqueda del crecimiento personal será una constante. La única meta concreta a superar es la propia falta de técnica o habilidad. 
En nuestra disciplina no hay competencia contra otros, solo intentamos vencernos a nosotros mismos.

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